Estar en Nueva York es ubicarse en el mismísimo corazón del arte mundial y específicamente la Isla de Manhatan ofrece al residente y al visitante una amplia gama de expresiones artísticas representativas no sólo del producto cultural emanado del talento local, sino de aquel que concurre de las más exóticas culturas del hombre. Así, podemos encontrar arte tribal de diversas regiones del continente negro, el sofisticado diseño danés o italiano, el exquisito concepto gastronómico francés, el folklore latinoamericano, desde luego la plástica universal en sus 6000 galerías y decenas de museos, otras expresiones en innumerables teatros, recintos musicales y en el acervo de monumentos que posee la ciudad, así como en la arquitectura propia de la isla con su emblemática Estatua de la Libertad del escultor francés Bartholdi.
Y es que deambular por esas calles de Manhatan se convierte siempre en una serie de experiencias inéditas que tu y yo vamos a convivir en estas páginas.
Hoy iniciamos el periplo muy temprano después de haber disfrutado la maravillosa vista de las riveras en el amanecer, visitando el edificio espiral del Museo Guggenheim con sus colecciones de arte de avanzada acordes a su moderno concepto arquitectónico y viceversa; Al medio día, deambulando por la 3ª avenida se nos ofrece un gran abanico de apetitosas opciones de cocinas de diversas naciones, hoy degustaremos una selección que incluye la friolera de 80 platillos de la cocina polinesia, a ver en que número de platillo decimos ¡basta!
Llega la tarde joven y es el momento de visitar un reducto de paz y tranquilidad que existe a un costado del Central Park, su nombre The Cloisters, (los claustros), una gran área arbolada en cuya parte central está ubicado un viejo y hermoso castillo medieval, traído piedra a piedra desde Irlanda y que hoy día funciona como un recinto dedicado a la lectura y la buena música, pues además de que se presentan diversos conciertos, cuenta con un sistema de sonorización ambiental que permite al visitante caminar por sus arbolados senderos y escuchar una selección de música clásica que de pronto hace que te sientas fuera del bullicio neoyorkino. Después, debemos dirigirnos a la calle Canal, antes de que cierren el más grande almacén de materiales para artistas en el mundo, pisos y pisos dedicados a lo necesario para crear arte, ¡un paraíso in imaginable para el artista! Y ya que hablamos de artistas debo recomendar visitar el Club del Escultor en la calle 41. Ya han transcurrido muchas horas de nuestro largo día virtual y debemos dirigirnos al corazón del teatro del mundo, el famoso Broadway en donde en uno y otro lado del Times Square se ubican diversas salas teatrales que tienen por característica la longevidad de sus obras, “Anita la huerfanita”, 38 años en cartelera, “Los Miserables”, más de 18, “Cats”, 25 y “Jesucristo Superestrella” en su 18ava reposición. Por supuesto que no podía faltar la obra precursora del teatro de desnudo total “Oh Calcuta” que se presenta desde hace 2 décadas en el Teatro Edison. Por cierto, te sugiero adquirir tus entradas en el ticketcorner pues ahí encontrarás algunas opciones de boletos que reservan para turistas, hasta con un 50% de descuento, esto es muy bueno si pensamos que algunos teatros se dejan pedir hasta 80 dólares por butaca. A continuación nos vamos al Greenwich Village un artístico barrio en el sur de la isla que ofrece un maravilloso mosaico de manifestaciones culturales comunes y cotidianas. De bienvenida, unos pintores venidos de todo el mundo con sus obras y sus ilusiones colgadas en las rejas del Washington Square en donde yo algún lejano día llegue a mostrar mi obra. Recorriendo callecitas encontramos interesantes tiendas de arte popular de la India, de Mongolia, de Rusia y hasta bazares con indumentaria mexicana, visitamos además pequeños teatros en donde se han presentado actores que después fueron y son figuras, se dice que aquí se hace el verdadero arte teatral de Nueva York. También es digno destacar los pequeños bares en donde se escuchan grupos de música selecta, de jazz antiguo y moderno y hasta del antillano reggae de moda, bien valdría la pena que algún trío romántico mexicano incursionara por estos lugares, gustaría mucho. En la calle no podría faltar los acordes andinos de algún grupo de jóvenes peruanos. En este tradicional barrio y en su vecina Chelsea se concentran un buen número de galerías que vienen a representar una babel del arte que se genera en el planeta. Ha anochecido y ya hace hambre y que mejor que dirigirnos al barrio llamado la pequeña Italia precisamente hoy, están celebrando el día de su patrón San Genaro (del que se le licua la sangre cada año), por ello en sus calles han instalado una auténtica kermesse en donde podremos hacer un recorrido gastronómico por cientos de puestitos, claro a riesgo de incrementar el colesterol, sobre todo porque aquí también beberemos muy buenos vinos chianti, rosso, asti y varios más, ¡ Salute ! y dice el refrán… “mangare bene, cagare forte y no temere a la morte”.
Terminó el día y se que nos faltó el Museo de Arte Moderno, el Metropolitano, el Lincoln Center con su Teatro, Librería y el famoso Metropolitan Opera House, también el Rockefeller Center donde está el Prometeo y las Sandías de Tamayo y el SOHO y el barrio Chino y muchos lugares más por donde nos pasearemos a partir de la próxima edición.
Muy entrada la noche es el momento en el que entramos en dialogo intimo esta ciudad, ustedes y yo, la recorro por sus diversos puentes, por sus riveras y parques, por sus calles a esta hora solitarias y no puedo irme a descansar sin visitar el espacio que ocuparan las Torres del WTC.… hoy solamente iluminado, con grandes grúas y enmarcado por tapias de madera que nos evitan ver más el fondo: impactante… lacerante…angustiante… Como ves querido lector y compañero de viaje, ese 11 septiembre sólo ha quedado grabado en el dolor de la memoria y en nuestros corazones, porque Nueva York vive intensamente un renovado brío para que todos los que le conocemos en el mundo continuemos diciendo I LOVE N.Y.